Relato

El relato de la aparición indica como la Virgen se apareció a una devota pastora de Aniezo, que estaba cuidando sus ganados en la falda de Peña Sagra. Cuenta como: “De pronto [la pastora] oye un ruido extraordinario, no de espanto, sino suave y agradable; y luego una música dulce, embriagadora, como de ángeles que era. Miró al lado de oriente, donde percibía los sonidos y vió entre el follaje de las esbeltas hayas que poblaban aquel sitio, movidas ligeramente por un soplo misterioso, a una Señora de celestial semblante, sosteniendo en el brazo derecho a un Niño de encantadora hermosura y, acerćandose emocionada, la Señora, que no era otra que la Santísima Virgen, le habló de esta manera:

El señor te acompañe y no temas, hija mía. Llégate de inmediato al pueblo de Aniezo y refiere al Rector de aquella iglesia cuanto de ver acabas, declarándole de mi parte, que cavando la tierra, se hallará una imagen mía aquí en este sitio, donde es voluntad de Dios que sea venerada.

La pastora cumple con diligencia el encargo pero el sacerdote no la cree. Vuelve a subir la pastora y la Virgen nuevamente le hace el mismo encargo. La pastora dice que no la van a creer y la Virgen la estampa con sus dedos una cruz en la frente. Ante este signo, el cura de Aniezo cree el relato de la pastora y, al día siguiente, acompañado por los vecinos, suben a la falda de Peña Sagra y cavando en el sitio donde indicó la pastora aparece una imagen que desde entonces se venera en el santuario que años después de levantó en el mismo lugar.