Novena – Día de la Santuca

Cada año, desde hace más de cinco siglos, los lebaniegos y visitantes acuden a la falda de Peña Sagra. Allí, tras el largo invierno en la soledad de la montaña, aguarda la imagen de la Santuca para ser portada en andas sobre los hombros de sus devotos, en su camino al encuentro del Lignum Crucis. El objetivo es llevar a la Virgen María al encuentro del Santo Madero que representa a su hijo. Por medio, actos cargados de grandeza en su sencillez, matices únicos legados de generación en generación. La devoción sincera de un pueblo guardada celosamente, pero a la vez abierta a todos.

fotografía José Luis Gómez Linares

Los actos comienzan el 24 de abril.

La Santuca inicia su procesión de bajada, de unos 4 km desde el Santuario de Peña Sagra hasta el barrio de Somaniezo, donde esperan numerosos devotos que por unas u otras causas no han tenido la posibilidad de acercarse a la Ermita.

Posteriormente, el día 25 (día de San Marcos), procesiona hasta la parroquia de Aniezo, realizándose en el camino las rogativas y bendición de los campos, así como oración por los difuntos. Este es un momento muy esperado y sentido por los habitantes del Valle Estrecho.

fotografía Iglesia en Liébana y Peñarrubia

Una vez en la iglesia parroquial de Aniezo, el día 26 comienza la Novena. Se trata de días de actos de gran sencillez, que atraen hasta Aniezo a numerosas personas. Su intención: visitar un año más a la Virgen de la Luz.

El momento culminante de la celebración llega cada año el 2 de mayo: Procesión de la Santuca.

La jornada comienza a las siete de la mañana. Los devotos han ido acercándose a la iglesia de Aniezo para asistir a la primera eucaristía. Tras ella, la imagen de la Santuca vestida con su tradicional manto verde, es colocada en las andas de estilo barroco fabricadas en 1702 que portan cada año las primeras cerezas de la temporada.

fotografía Valledeliebana.info

Alrededor de las ocho de la mañana se inicia, bajo el repique de las campanas la procesión que pasa por ser la más larga de España en un solo día. Destino: el Monasterio de Santo Toribio, donde la Santuca debe encontrarse con el Lignum Crucis.

Abriendo la procesión el pendón de Aniezo, al que se unirań a lo largo del camino los pendones de las parroquias de Cambarco, Frama y Potes. La presencia de estos grandes pendones es, en sí, un hecho diferencial, que caracteriza a la procesión.

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Se recorren cuatro de los siete municipios lebaniegos, pero es un día grande para toda la comarca. Más de 26 km de recorrido al que se suman, en la medida de sus posibilidades, jovenes y mayores, niños y ancianos. Un evento que reúne a los lebaniegos, que atrae a quienes emigraron y que acoge a los visitantes.

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Imágenes que hacen de la procesión de la Santuca un acto único, con sabor a tradición. Cada cambio de portador de las andas sin detener la marcha, bajo el tintineo de las campanillas de plata que ornamentan las andas. La emoción de las personas que en su interior traen a quienes ya no pueden estar, en un día de recuerdos. Momentos como el choque de bastones entre los alcaldes en cada cambio de término municipal. Instantes de respiración contenida y lágrimas aflorando, cuando la procesión se detiene para que los ancianos de la Residecia puedan venerar a “su Virgen”.

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Tras cruzar Potes, con paradas en sus capillas, los devotos se dirigen a Santo Toribio. Al filo del mediodía la procesión se acerca a la explanada del monasterio. El Lignum Crucis es sacado bajo palio y se produce el encuentro. La Virgen de la Luz se encuentra con el Madero Santo de la Cruz donde murió su hijo Jesucristo.

La sencilla pero cuidada liturgia del momento y, de nuevo, emoción. La sobria y sentida emoción. El silencio de un templo que se queda pequeño, contemplando la entrada de ambos.

fotografía Iglesia en Liébana y Peñarrubia

En Santo Toribio se celebra la misa mayor. A su conclusión, los devotos esperan pacientemente para pasar a venerar a la Santuca. Tras ello, de nuevo en camino. Cumplida la centenaria tradición, los devotos se dirigen a Potes, con Peña Sagra en el horizonte.

En la capital lebaniega la procesión es recibida por numeroso público y realiza su entrada en la parroquia bajo la reverencial inclinación de los pendones. A las dos de la tarde se celebra de nuevo misa en Potes.

fotografía Iglesia en Liébana y Peñarrubia

Con la iglesia de Potes y las calles circundantes repletas de fieles se celebra el rosario a las cuatro y media. A continuación se inicia el regreso procesional, los balcones engalanados marcan el camino y la procesión es muy numerosa. Por delante, algunas paradas, la entrada en las parroquias de Frama y Cambarco, y como meta el regreso a la parroquia de Aniezo.

Rondando las ocho de la tarde, la procesión llega de nuevo a su punto de partida. Nos queda un largo día repleto de emociones, de reencuentros y despedidas. Recién nacidos que le son mostrados a la Santuca por primera vez y ancianos que se despiden diciendo que será la última. Atrás quedan lágrimas, sonrisas, esperanza y fe. Canciones, peticiones, promesas y confidencias. Rezos y cánticos de toda una jornada que resuenan aún. Último canto de la Salve. Cansancio y satisfacción.

El día 4 de mayo concluye la Novena en honor a la Virgen de la Luz y ese mismo día se realiza la procesión de regreso desde la iglesia parroquial de Aniezo hasta la ermita de Peña Sagra. Los devotos se enfrentan al desnivel y a las circunstancias climatológicas con el objetivo de llevar a su Patrona, en este caso en unas andas más populares, hasta su morada.

fotografía Iglesia en Liébana y Peñarrubia